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Hola amigos

Publicado en por El Poetista

 

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Hoy voy a cambiar la poesía por las leyendas, leyendas vampíricas.

Disfruten esta.

 

Sangre y rosas:

 

 

Cuenta la leyenda, que siglos atrás, en un lugar desconocido de Europa,  Primus el vampiro iba  en busca de algo cuando tropezó con el pueblo de  Marytown. Sea pues la casualidad la única que explicase que dicho personaje diera con que esa noche el pueblo gozaba de su fiesta anual de la cosecha.

Primus decidió ser sigiloso y esperar a que la fiesta estuviera más avanzada para  aprovechar y divertirse sin que nadie recayera en que  era  un forastero.

Vestido con una capa marrón de viaje, tapado hasta la cara y con  un sombrero de ala ancha con una pluma roja se acercó discretamente hacia la hoguera cuando vio  que unos pasos delante se encontraba la digna representación, la belleza viva, la perfecta esencia de la mujer. No se si un vampiro pueda sentir amor, pero si sé que la hermosa dama despertó el interés de Primus. Este vio su oportunidad en el momento en el cual ella se retiró hacia su casa. La siguió por las estrechas calles hasta que se aseguró de que estaban solos. Entonces dijo:

-Hola mi Lady.

-¿Quién es usted?

Él se destapó el rostro y se presentó;

-Soy Sir Primus Redfield.

-Pues, Sir Primus, lárguese.

-Sólo permítame un instante y la dicha de ser saber el nombre de vuestra bella persona.

Los ojos de Primus eran dorados como el sol y su pelo era la nieve encarnada. La joven quedó prendada de tal despiadada belleza.

-Me llamo Adelina, Sir y si me permite…-contestó nerviosa.

-La noche es joven mi hermosa dama. Podríamos dar un paseo y contemplar las estrellas.

Resultaba difícil para Adeline negarle algo, su mirada la dominaba por completo.

-Supongo que no puedo negarme a tal proposición-dijo riendo y sintiéndose avergonzada por ello.

Al caminar se encontraron hablando de él y de sus viajes. Al charlar se dio cuenta de que  cada vez se sentía más cerca de él, como si los uniera algo más.

Entonces llegaron a un árbol que coronaba una pequeña colina.

-Dígame Sir Primus.

-Sí mi hermosa damisela.

-¿Cómo un hombre cómo usted ha terminado en un lugar como este?-preguntó algo cohibida.

-Buscaba algo.

Ella sintió su pulso acelerarse cuando le pregunto:

-¿Puedo saber el que, Sir?

-Aquello que ahora veo en vuestros ojos. Esa dulzura e inocencia que había olvidado.

Ella se sonrojo mientras el se sentaba con tranquilidad y le sonreía.

Sentados uno junto al otro ella no pudo evitar acurrucarse a su lado. Tan feliz se encontraba que se sobresalto al oírle decir.

-Las estrellas nos miran mi Lady.

-¿Por qué  Sir?

- Por esto…

Un beso apasionado y tierno contestó la pregunta. Sin hacerse esperar, el deseo lleno la noche e hizo olvidar la sed al vampiro.

Entonces él la miro y le dijo:

-Toma-dándole unas semillas-son rosas. Plántalas aquí.

-¿Para qué mi señor?

-Hazlo- dijo con tenura.

Ella lo hizo. Entonces el realizó un corte en su muñeca con un estilete. La sangre manó e impregnó la tierra en el lugar donde fue plantada la semilla.

-Cierra los ojos.

Ella obedeció. Sintió un pequeño corte.

-Ábrelos.

Vio como su sangre  caía en el mismo lugar.

La luna llena vio crecer, no una rosa, sino varias.

-Es un regalo. Un te amo que oirás en la brisa. Adiós mi amor.

Y así Marytown pasó a llamarse Rosefield(campo de rosas). En tanto ella nunca olvidó ni dejó de amar, aún cuando él nunca volvió ni la dejó de querer.

 

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